Como No Escupir Hacia Arriba

Hay un dicho que dice:

Pueblo que fueres haz lo que vieres

Este dicho se convierte en una herramienta muy útil en cuanto a la ciudad se refiere. Cómo seres humanos cargamos con tradiciones, costumbres y formas de vivir las cuales nos identifican y nos diferencían en todos los lugares del mundo. Existen las personas que no pueden vivir sin aguacate o las que les da vomito diarreico al pensar en este ingrediente mágico y ancestral.

Existe esa gente que no pueden pensar en comer en la calle porque le da asco, o las que no se sienten cómodas entrando a un restaurant fino; yo soy un claro ejemplo del último porque soy socialmente extraño y siento que voy a romper todo y sé que no lo voy a poder pagar.

Así que esto define mi personalidad, mi contexto y muchas de mis acciones, también a las personas con las que me rodeo y convivo frecuentemente. Son en estas diferencias en las que nos volvemos únicos y compatibles con otras personas.

Lo sé, foráneo, te preguntas ¿a qué viene todo esto? Ahí va puesn.

En mi corta vida, y basta experiencia en mudanzas y cambios de códigos postales, te puedo decir que la Ciudad de México es el reto más grande que puedes tener como humano. No lo digo por el ritmo de vida que se vive, ni lo digo por aprender las rutas del metro o ni en qué lugares vivir o los que debes ignorar.

El llegar a esta ciudad no se queda con la travesía que pudo ser el solo llegar, o lo que tuviste que dejar para venir a cumplir tu sueño, fantasía o filia. La ciudad te pide un pacto, un pacto con ella, el cual es sencillo, adaptarte. Y suena a algo que debe ser lógico, pero la verdad es que conozco a muchas personas que le cuesta estar aquí, llegar fue difícil o fácil, no importa el medio, pero el quedarse es el verdadero reto.

Tus costumbres, tu cotidianidad se ven expuestas y juzgadas… y lo están. Son expuestas y juzgadas, porque esta ciudad no tiene interés, ni tiempo para aprender de ti, ella no necesita nada de ti, al contrario, te recuerda que tú la estás buscando, que tú estás aquí, así que te aclimatas o te aclimatas (imaginar esto como si la ciudad te hablara y sostuviera una chancla con su mano, y esa mano es Santa Fe).

He estado en tantas conversaciones con foráneos que dicen, la gente de aquí es horrible, apática, desagradable; y por otro lado, he estado en conversaciones con citadinos que dicen: los foráneos son incultos, lentos y miedosos. Quiero aclarar algo, TODO ESTO ES CIERTO.

Lo somos, los foráneo somos incultos porque no ha llegado esa tecnología o acto social a nuestros lugares de orígenes, somos lentos porque así funciona para nosotros, somos miedosos porque desconocemos. PERO, somos leales, porque no conocemos una traición más allá que no se pueda resolver con palabras, y eso nos puede hacer parecer inocentes pero es lealtad algo que se puede perder entre el sonido del RTP y las ruedas del metro.

Somos leales, porque no conocemos una traición más allá que no se pueda resolver con palabras.

Actuamos según lo que conocemos y no es nuestra culpa que Starbucks no haya llegado hace 17 años cuando tenemos un café realmente orgánico en nuestra localidad. Somos lentos porque todo queda cerca, porque la idea del tiempo y lograr algo no se define en la distancia si no en el acto y sí somos miedosos, porque es la acción de supervivencia número uno.

AHORA CI-TA-DI-NOS, sí son horribles, son apáticos y muchas veces desagradables, pero, no los puedo juzgar, esta ciudad es un monstruo y un amante a la vez, si quieres vivir toda una vida ven una semana a la ciudad, juro que te van a pasar cosas extremas aún cuando no las veas o las comprendas así.

La gente aquí es horrible porque todo el mundo viene, hay tantas nacionalidades que no me sorprende encontrar un asiático con rasgos indígenas y ascendencia húngara y rusa. Es una orgía cultural todos los días.

Defenderte y ser apático, y ser horrible, es el segundo acto de supervivencia, en esta ciudad hay de todo y con el tiempo aprendes: que no sabes realmente que te puede pasar, o con quien estás hablando; el ser horrible se vuelve casi un acto de caridad.

El ser desagradable creo que es un efecto de causalidad, que la ciudad ama imponer, desde que pierdas tu cartera y que nadie te ayude a buscarla, desde la gente que se sienta en el lugar de discapacitados, hasta la persona que está comiendo patas de pollo hervidas con valentina (no estoy juzgando ni mintiendo, vayan al centro ahí las encuentran).

La persona que está comiendo patas de pollo hervidas con valentina (no estoy juzgando ni mintiendo, vayan al centro ahí las encuentran).

Así que es cierto, somo’ eso y má’, hay cosas horribles porque la humanidad es horrible en sí (esto es un poco oscuro, pero cierto). A mi generación la juzgan por liberal y por querer que todo sea sencillo, y sí, lo queremos así, porque creemos en que debemos aprender a amarnos y a respetarnos; que la vida y las demás personas no lo vean así, pues a eso se le llama choque generacional o solo ser culero.

Pero el respeto es clave, el ponerse en los zapatos del otro es necesario al lugar que fueres, y a eso se refiere la frase, he aprendido que no importa a donde vayas, debes intentar poner atención de lo que te rodea, ya que tiene una razón de ser. La Ciudad de México es el claro ejemplo, la meca de toda la creación, de restaurantes, de espectáculos, de casos de insalubridad graves; pero aún con sus problemas tiene su ética, la cual es casi-casi: no escupas al cielo.

Si quieres vivir aquí, no solo debes aprender a vivir aquí, si no que te debes adaptar, física, espiritual, mentalmente. Y sí, tu vida cambia, esos taquitos que te gustaban y que estaban a 4 colonias de tu casa, donde ya te conocían y te decían: wero ¿otras 3 órdenes? Y tú negabas que ibas a comer tanto, y solo; pero aún así los pedías porque eres un gordo por dentro.

Si quieres vivir aquí, no solo debes aprender a vivir aquí, si no que te debes adaptar, física, espiritual, mentalmente.

Pues ahora esos tacos son El Califa y te cuestan 200 pesos la tortilla extra y no son tan buenos y descubrirás que hay 8 mil califas en toda la ciudad. Es por esto que vivir en La Ciudad no es solo hacerla tuya, si no, entenderla y respetarla. Cómo foráneos pocas veces vamos a tener voz y voto y no es malo; es una estrategia de sobrevivencia.

A veces solo vienes de visita, pero te millonesan en número, te subes a los transportes que se pagan con sus impuestos, orinas en las calles… perdón, comes en sus calles y luego por ebrio orinas en las calles que se limpian con sus impuestos. Pero es cuando te conviertes en un verdadero ciudadano que puedes quejarte, así que mientras relajate un chingo foráneo.

A lo que voy es que no es correcto llegar a imponerse, ni tampoco intentar replicar tu vida de foráneo en la ciudad, ya que créeme, solo te causará migraña. La ciudad te puede dar todo o nada, pero eso va a depender de cuanto quieras aprender y dejar que te enseñe.

Porque aunque muchos tengan la oportunidad de su vida, si no respetas esta ciudad, si no la amas, te va a dar una lección para que lo hagas. Así que esto es más que una anécdota es un consejo, si quieres vivir aquí ¡hazlo! ¡Vive y aprende! Que aquí vas a lograr todo lo que sueñas si aprendes a escuchar y a ver; y a no ir al Califa.

Gracias por leer.  

R.

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La Guía Básica Del Starbucks

Se dice que no hay lugar como el hogar, pero a veces, cuando estás alquilando un hogar a 30 minutos de tu lugar de trabajo pues no lo extrañas tanto y más si sales de trabajar a las 6 P.M y vas hacia Pantitlan. Durante mis primeros días en la ciudad pude experimentar algo que nunca pensé que viviría, y no fue porque creyera que sería imposible, es que no es algo que consideras muy seguido, o al menos yo. Seguir leyendo “La Guía Básica Del Starbucks”